EL CUERVO INMORTAL por Cuco López

Publicado: 5 marzo, 2011 en Sin categoría
El Colima de ayer, de aquellos años de calma y de doble moral, con sus palmeras y naranjos, se vio amablemente sorprendido con la llegada de un hombre carismático, culto, con sentido del humor, bien vestido y oliendo bien. Pero sobre todo, con el deseo de vivir intensamente la vida, conocer gente e inconscientemente influir en las vidas de los que le rodeábamos.
Los que tuvimos la fortuna de estar con él, en el aula, la calle, la bohemia, dejamos atrás la adolescencia sin remordimientos, porque el nuevo mundo que nos ofertaba este hombre, había llenado completamente nuestros sueños. Los que aprendimos más de él, fuimos los que no respetamos los 50 minutos de la clase, y lo seguimos como alumnos, como discípulos, como amigos de tiempo completo hasta el final. Así, entre vino, pan y queso con aroma a ajo y otros condimentos –Chanel, Aramís y un fuerte olor tabaco-, se deslizaban las noches del fin de semana como verdaderas pasarelas, por donde desfilaban los grandes.
A veces se caracterizaba de Chaplin, sin salirse de su personaje, nos acompañaba toda la noche. Algunas otras, cantando bajo la lluvia, estilo Fred Astaire. Nuestro interior estaba caminando el rumbo de nuestra existencia. Música para nosotros antes desconocida invadía con sus notas los viernes, que muchas veces se prolongaba hasta agotar la garganta de María Callas, o destrozar una vez más las cuerdas del violín de Pagannini, Ópera, Zarzuela, Trova Yucateca, Mozart, Verdi, Lizst, todos ellos fueron cambiando la estructura cultural de aquellos jóvenes hambrientos de novedades. La historia del arte nos atrapaba, la música nos invadía, las copas nos retenían.
Miguel Ángel Cuervo Romero hizo de la locura una marca registrada. Pero esta locura en la que la sabiduría se avergüenza de lo cotidiano. Miguel Angel Cuervo no murió de muerte natural. Lo asesinamos poco a poco con disparos de abandono y soledad. Desde que lo sacaron del aula y lo pusieron de guardián de un cementerio, donde descansan en paz los libros que mató el olvido y el internet. Una vez le pregunté: ¿cómo estás en la chamba?, y me contestó: “bien, y hasta me llevé mi echadero”.

La soledad es buena cuando uno la busca, pero cuando ella llega, se queda y no se va, allí es cuando viene el delirio. En los últimos tiempos de eso se quejaba. Pero a él se le olvidó que aquellos adolescentes ya no podíamos ser sus discípulos de tiempo completo, porque se nos habían echado encima los años con todo lo que ellos traen.
Cuervo, nunca olvidaré cada uno de los momentos mágicos e inesperados que vivimos juntos. Hoy que te has ido, te siento más cerca que nunca. Disfruté con agrado cómo tomaste tu partida. Hiciste tu maleta con dignidad, sin dramas. Te mofaste de todo. Irreverente hasta con la muerte. Diseñaste tu funeral, escogiste la música que querías escuchar en el viaje, para compartirla con nosotros. Quizás para poner el ultimo pinchazo en el tatuaje de tu nombre.
Gracias por haber escogido a Colima para quemar tus naves, quedarte a compartir tu vida. Dicen que cada quien es arquitecto de su propio destino. Yo no sé si tú tenías un proyecto. Lo que sí puedo asegurar, es que viviste, que hiciste exactamente lo que te dio tu regalada gana. Tú nuca supiste lo que es luchar por la libertad, porque en ti estaba.
Yo había perdido la confianza en la gente. Era pesimista ante algunos valores que parecen ya extintos. Sin embargo, una manifestación de gratitud y amistad me llenó de júbilo.
Quiero destacar a los amigos que tuviste desde el primer síntoma, en el desgaste diario, amigos que compartieron contigo lo más escabroso del camino, lo más obscuro del túnel. Para ti y para ellos, no un minuto de silencio, sino una vida de aplausos: Jaime Velasco, Noé Guerra y su familia. Con amigos como Ustedes, hasta se antoja, hasta dan ganas de morirse.


Agosto 2010


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comentarios
  1. Anónimo dijo…
    LORENA:
    Recibe nuestra gratitud por tu bondad al compartir y permitirnos conocer a través de las emociones, convertidas en palabras, de quienes lo vivieron, a tu Maestro Cuervo, sin duda, si no perfecto, sí un ser excepcional. Me gusta la poesía y enorme gratitud del señor Cuco, que nos muestra, contra lo que cotidianamente vemos, que aún hay esperanza, que aún existen esos ángeles sin alas, gente humana, como las personas que menciona y que nos da a entender que como tú, solo era gente que conocía a tu Maestro. ¡Cuanta nobleza! Así, a mi también me dan ganas de morír.
    11 de septiembre de 2010 12:35

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