Al Maestro con Cariño por: Noé Guerra Pimentel

Publicado: 5 marzo, 2011 en Sin categoría

(si esta foto es tuya por favor notifícamelo, para darle tu crédito de autor)

Gracias Cuervo. Maestro de la vida. No, no es fácil. Menos cuando se tiene tanto, tanto por recordar y decir. Son veintiocho años de una historia compartida, tiempo que bien puede ser más que una vida, en la que juntos y aún con las necesarias y obligadas distancias hemos concurrido con altas y bajas en una sólida y fraternal amistad, tan honesta como intermitente en la que en los saldos del tiempo, con paciencia y perseverancia, solidarios, hemos sabido cultivar con aceptación y respeto en un recíproco afecto, casi familiar.
Era una mañana de agosto de 1982 cuando conocí al peculiar maestro Cuervo. La noche anterior había llovido, la ciudad estaba fresca como recién lavada cuando bajé del autobús y llegué a la finca más antigua de Colima, la que entonces albergaba al Cedart en 5 de mayo 87, en el barrio de El Rastrillo. Al entrar al añejo edificio un airecillo volteó mi melena de aquellos dieciséis de barros y espinillas. Un señor me orientó a la entrada, mientras coleaba un trapeador, después supe que era don Lupe (+) el intendente, un personaje que veía y oía más de la sospecha autoerigido guardián de las buenas conductas.
Pasé a la dirección y ahí estaba Rosa María, la secretaria. Al fondo, en un pequeño escritorio en la penumbra a contraste él, el maestro Cuervo a quien aún no conocía, con su barba prominente, enfundado en una camisa beige cazador, observando, como oculto tras sus lentes de carey. Me informé y me fui. Aún recuerdo el nerviosismo con el que días después me inscribí en ese lugar para mi extraño, donde perfeccionaría mi habilidad de dibujante. Yo sería artista. Era mi destino, creí.
Fue en el propedéutico de ingreso donde lo volví a descubrir. Esta vez introvertido, fumando apresurado mientras conversaba, llamando la atención con su colorido vestuario y maletín en mano. Debo reconocer que nuestro primer encuentro fue desafortunado. Era el inicio, apenas la primera clase; yo, sentado al fondo entre dos compañeras cuando fui súbitamente interrumpido: ¡Tú, el de lentes! ¿Cómo te llamas? Noé, Noé Guerra, profesor, contesté. ¡Pásate acá, adelante! me ordenó. Como no profesor, con gusto… solo deme la razón. Levantó la mirada, me miró fijamente. Bajó la cara, no dijo más. Nadie dijo más. Ese era el principio y no lo supe.
Muchas caras, muchas vivencias, inimaginadas en mi aún adolescencia. Otros mundos los que conocí como muchos otros muchachos gracias al maestro Cuervo, luego de que me invitara a vivir a su piso del Cázares, para que, haciendo equipo con Jaime Velasco, Leonardo y luego con Chago, le ayudara en “Café Galería”, lugar irrepetible donde todo tenía cabida y a donde asistían desde niños hasta parejas, sin faltar los artistas y los poetas, como los amorosos buscadores de la libertad que proponía ese lugar inédito, donde entre verdades se gestaron leyendas paralelas al gran mito que sobre sí, ya construía el propio maestro Cuervo, este ser extraordinario, que sin duda vino a cambiar radicalmente la visión estética de los colimenses y a encauzar los difíciles derroteros del arte y los incipientes artistas.
Cuervo siempre comparte sólo fragmentos de una vida múltiple, de donde se entresacan nombres y lugares que se apiñan y empujan unos a otros en una realidad que requiere varias vidas a la vez. Ernesto, su cómplice y amigo de San Carlos; los Castro Leñero; Nikky la canadiense surrealista, Jaimón, Emilio el inventor; Conny la doctora, Cornelio García y su Penélope, Bindu y Beatríz; y su familia que a más de dos décadas apenas se conoce, entre los que se ve Gabriel, su hermano, con quien creció bajo el rigor paterno de quien nunca supe nombre y de una madre ausente de la que no hay memoria, sustituida por dos eternas tías.
Promovido por la directiva estudiantil que encabecé, nuestra generación 1982-1986 llevó su nombre, fue la sexta de aquellos cedartianos legendarios de la que egresamos: Silverio Palacios, Alberto Flores (+), Susana, José Cortés, Arturo Gutiérrez, José Visente Romero. Gente, entre otros, que de alguna u otra forma han destacado y son exitosos en el mundo creativo del cine, el teatro, la música, el arte y la docencia, facetas a las que han dedicado su vida.
Era octubre de 1988, después de un tiempo de distancias, Imelda y yo auxiliamos al maestro en su penosa convalecencia luego del terrible accidente de autobús que lo postró durante más de medio año con fracturas y lesiones múltiples en todo el cuerpo. Las ocupaciones nos volvieron a separar hasta 1992, cuando nosotros, Ime y yo, de regreso de Aguascalientes, temporalmente nos asilamos en su casa del rumbo a la Estancia, ya con nuestros pequeños Fabián, Frida y Paola de encargo. Ahí nos reencontramos con Jaime y Georgina. Época difícil, que nos permitió reconocer la verdadera amistad con la que ya nos despedimos.
El mundo del arte y sus protagonistas me fueron presentados de golpe, sin más a partir de aquel 1983 y sin mediaciones cuando me uní al grupo de extraños que lideraba Cuervo. La música verdadera, la buena literatura, el humanismo en sí, me ayudaron a recuperar lo perdido en mi búsqueda de los significados. Rostros con nombre de gente apasionada, de convicciones, luchadores sociales, intelectuales, artistas, mujeres y hombres, gente buena y mala pero original fue lo que en los innumerables textos que con la mejor música y los mejores vinos bebí del maestro y descubrí de aquellos días que se hicieron años en el mítico y entrañable Café.
México y su vida nocturna; los intelectuales, celebridades, Nueva York, Picasso, Central Park, expresionismo, cubismo, Kafka, Chiapas, Eisenstein, Europa, el Dadá, el 68, su estudio, San Carlos, Mastroniani, Stanislavsky, Arte, Rulfo, comunismo, Proust, realismo, Gable, teatro, libertad, cine, Orozco, música, Frida, Bailes, Alma Reed, abstraccionismo, Dalí, Carmen, París, café, Dietrich, tabaco, Marx, Botero, Grecia, socialismo, Diego, Mérida, Cuevas, Moore, Colima, Glenda, mar, Gauguin, Cuba, Fidel, Nijinsky, Mediterráneo, comida, Chagall, Cedart, Juan y Vera, todo en abundancia, entre muchos bocetos de seres y hechos trazados al paso con el humo de las mil y una noches, en los infinitos lienzos de vida e imaginación de Cuervo, el Maestro que lento ya baja su telón Kabuki, con una última escena en contraluz partido por una Cruz Celta, mientras se oye, al fondo, el réquiem in crescendo.
Gracias maestro, gracias por esta vida que me has enseñado a vivir y a compartir.

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comentarios
  1. Miguel Chávez Michel dijo…
    “…¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo!…” Miguel de Cervantes Saavedra.

    Amigo y paisano Noé Guerra. Gracias por compartir tus lecciones de vida al lado de tu respetado maestro, tutor y amigo. Por tus actos de generosidad para el Maestro Miguel Ángel Cuervo Romero, que me constan, con profundo respeto y admiración, en unión de tu familia, recibe mi más sincero reconocimiento. Felicidades por contar con una esposa como Imelda, siempre a tu lado y tus hijos Fabián, Frida y Paola, que comparte estos bellos sentimientos. Recibe un cordial saludo. Tu amigo siempre. Miguel Chávez Michel.
    12 de agosto de 2010 11:01

    • Noé Guerra dice:

      Gracias Miguel, la amistad no tiene valor, la gratitud menos al ser una condición propia, que no exclusiva, de la humanidad. Encomio y valoro tu mensaje y con él el enorme sentido de tu respeto y aprecio al ser que con nuestros actos cada pretendemos alcanzar.

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