Miguel Ángel Cuervo Romero

El profesor Miguel Ángel Cuervo murió hace dos meses. Dimensioné su pérdida por un hecho: mis hijas nunca me habían visto llorar. Jocelyne, la menor, puso en su nic: Miguel, te extrañaremos. Las crisis, dicen los chinos, son oportunidad para el cambio. Pero en México nos adiestramos para  habitar el pesar y el desaliento. Practicamos el complejo del avestruz.
No acudo a funerales ni actos religiosos. Esa costumbre evita aflicciones mayores. Asumo las penas. Y la desaparición física de Cuervo creó otra turbulencia. La optimista, que siempre sugirió con su actuar: vivir intensamente desde la cultura, la literatura, la música, la comida, la amistad. Ese ejemplo perdura desde mi adolescencia, adquiere prosapia en mi formación universitaria y conserva vigencia en la adultez.
La desaparición se volvió presencia porque recuperé un ánimo (pese a que siempre he participado en la cultura) e interés por los procesos creativos (no es mi caso). Confirmo que el periodismo cultural de Colima está a la zaga de los acontecimientos. Espera, irremisiblemente, los boletines oficiales, lo cual, a su vez, indica que los sistemas de comunicación institucional no actualizan sus códigos de acercamiento colectivo: informan menudencia, no profundidad. Enfocan cantidad, a la calidad le colocan un adjetivo, excelencia, que vuelven sustantivo sin sustancia.
La vida de Cuervo en Colima tiene una relación proporcional con lo que pasa en la cultura y periodismo locales. Nos extendió un cheque vital, con fondos irreductibles, transformadores. Purgo su ausencia pero envío mi ánimo constructivo a lo venidero.

Copyright © Derecho de Autor

fotografía de Ke.r.o.

Fundador del CEDART “Juan Rulfo” desde 1976 dio partida a generaciones de estudiantes a nivel secundaria y bachillerato, así como a los primeros instructores de arte.

Originario de Cuba, uno de los maestros más prolíferos que han tenido los Centros de Educación Artística procedentes del INBA. Más que maestro; humano, amigo, guía… su objetivo principal era promover, crear, y estimular para sensibilizar a los jóvenes, un filántropo que versaba en su enseñanza, creando espacios sin pretensiones institucionales ni partidista, Miguel Ángel fue el caudal de cientos de jóvenes en busca del conocimiento, el arte y la cultura colimense; con su música y sus tertulias abiertas nos alimentaba, continuamente llenábamos su casa, escuchándolo; aprendiendo del gran maestro de facciones cubanas… fumando puro y bebiendo vino entre los tangos, la ópera, los clásicos, con la estruendosa pero maravillosa música bailábamos como personajes de los años 50’s, 60’s y 70’s. Era grandioso imaginarte de esa época… rodeados de pintura contemporánea que continuamente presentaba en su (en ese entonces) café galería. Compartíamos temas literarios (claro quien más charlaba era cuervo, pues él era nuestro ancestro) éramos “los hijos de cuervo”.
Cuervo Romero inició su carrera artística desde muy niño, a los once años ya dibujaba y asistía continuamente a exposiciones, museos y viajes con los que se nutría constantemente, a los 12 años quiso entrar a la Academia de San Carlos; institución ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad de México donde se iniciaron José María Velasco y Diego Rivera.
Sus padres le prohibieron cursar en esta académica, pero a los 18 años ingresó a esta escuela de arquitectura, pintura y escultura, lo que le costó el desheredo familiar, y la “enferma soledad” que fue en sus últimos años su asidua compañera.
La pintora y ceramista Amelia Peláez fue la influencia principal de Cuervo, oriunda de cuba quien filtró en él la pintura sintética y purista, una creadora de los años 60’s, discípula del importante cubano el pintor Leopoldo Romañach, los trazos representativos de Peláez se dejan notar contundentemente en las formas gráficas que desplegaba Cuervo Romero en aquellos pizarrones verdes de nuestra escuela CEDART al trazar con el gis blanquizco cuerpos volumétricos cuando nos daba las clases de dibujo sobre la figura humana.
De Jorge de la Vega este pintor perteneciente al grupo “NUEVA FIGURACIÓN” adquiere ese ojo que calcula en lo abstracto, que penetra en el colorido, influyente también de Miguel Ángel a quien deja la huella del artista y el disfrute visual.
1976 Miguel Ángel Cuervo Romero es acogido en Colima como maestro fundador del Centro de Educación Artística “Juan Rulfo” y residente hasta su deceso en este día 3 de agosto deja de respirar; en un suspiro que huele a café, se le va la vida en compañía de sus más queridos y fieles discípulos Jaime Velasco y Santiago Rodríguez Juvenal quienes lo despidieron con una mirada fraternal, rodeado de estos oyentes, ex alumnos y amigos como el pintor Juan Guerrero, Noé Guerra, Silverio Palacios, Neddy Palacios, y Ericka Vera, entre otros muy entrañables compañeros lo impulsaron al vuelo; con dolor lo vieron partir y, como yo de lejos observamos su vuelo…
Miguel; crítico incansable, filántropo, marxista por convicción nos dejó su legado más preciado, la visión de una enseñanza libre, no institucional. Una filantropía que continuaremos nosotros sus discípulos ahora que somos docentes…
Cuervo tus alas están enlazadas con las mías…


Copyright © Derecho de Autor

(si esta foto es tuya por favor notifícamelo, para darle tu crédito de autor)

Gracias Cuervo. Maestro de la vida. No, no es fácil. Menos cuando se tiene tanto, tanto por recordar y decir. Son veintiocho años de una historia compartida, tiempo que bien puede ser más que una vida, en la que juntos y aún con las necesarias y obligadas distancias hemos concurrido con altas y bajas en una sólida y fraternal amistad, tan honesta como intermitente en la que en los saldos del tiempo, con paciencia y perseverancia, solidarios, hemos sabido cultivar con aceptación y respeto en un recíproco afecto, casi familiar.
Era una mañana de agosto de 1982 cuando conocí al peculiar maestro Cuervo. La noche anterior había llovido, la ciudad estaba fresca como recién lavada cuando bajé del autobús y llegué a la finca más antigua de Colima, la que entonces albergaba al Cedart en 5 de mayo 87, en el barrio de El Rastrillo. Al entrar al añejo edificio un airecillo volteó mi melena de aquellos dieciséis de barros y espinillas. Un señor me orientó a la entrada, mientras coleaba un trapeador, después supe que era don Lupe (+) el intendente, un personaje que veía y oía más de la sospecha autoerigido guardián de las buenas conductas.
Pasé a la dirección y ahí estaba Rosa María, la secretaria. Al fondo, en un pequeño escritorio en la penumbra a contraste él, el maestro Cuervo a quien aún no conocía, con su barba prominente, enfundado en una camisa beige cazador, observando, como oculto tras sus lentes de carey. Me informé y me fui. Aún recuerdo el nerviosismo con el que días después me inscribí en ese lugar para mi extraño, donde perfeccionaría mi habilidad de dibujante. Yo sería artista. Era mi destino, creí.
Fue en el propedéutico de ingreso donde lo volví a descubrir. Esta vez introvertido, fumando apresurado mientras conversaba, llamando la atención con su colorido vestuario y maletín en mano. Debo reconocer que nuestro primer encuentro fue desafortunado. Era el inicio, apenas la primera clase; yo, sentado al fondo entre dos compañeras cuando fui súbitamente interrumpido: ¡Tú, el de lentes! ¿Cómo te llamas? Noé, Noé Guerra, profesor, contesté. ¡Pásate acá, adelante! me ordenó. Como no profesor, con gusto… solo deme la razón. Levantó la mirada, me miró fijamente. Bajó la cara, no dijo más. Nadie dijo más. Ese era el principio y no lo supe.
Muchas caras, muchas vivencias, inimaginadas en mi aún adolescencia. Otros mundos los que conocí como muchos otros muchachos gracias al maestro Cuervo, luego de que me invitara a vivir a su piso del Cázares, para que, haciendo equipo con Jaime Velasco, Leonardo y luego con Chago, le ayudara en “Café Galería”, lugar irrepetible donde todo tenía cabida y a donde asistían desde niños hasta parejas, sin faltar los artistas y los poetas, como los amorosos buscadores de la libertad que proponía ese lugar inédito, donde entre verdades se gestaron leyendas paralelas al gran mito que sobre sí, ya construía el propio maestro Cuervo, este ser extraordinario, que sin duda vino a cambiar radicalmente la visión estética de los colimenses y a encauzar los difíciles derroteros del arte y los incipientes artistas.
Cuervo siempre comparte sólo fragmentos de una vida múltiple, de donde se entresacan nombres y lugares que se apiñan y empujan unos a otros en una realidad que requiere varias vidas a la vez. Ernesto, su cómplice y amigo de San Carlos; los Castro Leñero; Nikky la canadiense surrealista, Jaimón, Emilio el inventor; Conny la doctora, Cornelio García y su Penélope, Bindu y Beatríz; y su familia que a más de dos décadas apenas se conoce, entre los que se ve Gabriel, su hermano, con quien creció bajo el rigor paterno de quien nunca supe nombre y de una madre ausente de la que no hay memoria, sustituida por dos eternas tías.
Promovido por la directiva estudiantil que encabecé, nuestra generación 1982-1986 llevó su nombre, fue la sexta de aquellos cedartianos legendarios de la que egresamos: Silverio Palacios, Alberto Flores (+), Susana, José Cortés, Arturo Gutiérrez, José Visente Romero. Gente, entre otros, que de alguna u otra forma han destacado y son exitosos en el mundo creativo del cine, el teatro, la música, el arte y la docencia, facetas a las que han dedicado su vida.
Era octubre de 1988, después de un tiempo de distancias, Imelda y yo auxiliamos al maestro en su penosa convalecencia luego del terrible accidente de autobús que lo postró durante más de medio año con fracturas y lesiones múltiples en todo el cuerpo. Las ocupaciones nos volvieron a separar hasta 1992, cuando nosotros, Ime y yo, de regreso de Aguascalientes, temporalmente nos asilamos en su casa del rumbo a la Estancia, ya con nuestros pequeños Fabián, Frida y Paola de encargo. Ahí nos reencontramos con Jaime y Georgina. Época difícil, que nos permitió reconocer la verdadera amistad con la que ya nos despedimos.
El mundo del arte y sus protagonistas me fueron presentados de golpe, sin más a partir de aquel 1983 y sin mediaciones cuando me uní al grupo de extraños que lideraba Cuervo. La música verdadera, la buena literatura, el humanismo en sí, me ayudaron a recuperar lo perdido en mi búsqueda de los significados. Rostros con nombre de gente apasionada, de convicciones, luchadores sociales, intelectuales, artistas, mujeres y hombres, gente buena y mala pero original fue lo que en los innumerables textos que con la mejor música y los mejores vinos bebí del maestro y descubrí de aquellos días que se hicieron años en el mítico y entrañable Café.
México y su vida nocturna; los intelectuales, celebridades, Nueva York, Picasso, Central Park, expresionismo, cubismo, Kafka, Chiapas, Eisenstein, Europa, el Dadá, el 68, su estudio, San Carlos, Mastroniani, Stanislavsky, Arte, Rulfo, comunismo, Proust, realismo, Gable, teatro, libertad, cine, Orozco, música, Frida, Bailes, Alma Reed, abstraccionismo, Dalí, Carmen, París, café, Dietrich, tabaco, Marx, Botero, Grecia, socialismo, Diego, Mérida, Cuevas, Moore, Colima, Glenda, mar, Gauguin, Cuba, Fidel, Nijinsky, Mediterráneo, comida, Chagall, Cedart, Juan y Vera, todo en abundancia, entre muchos bocetos de seres y hechos trazados al paso con el humo de las mil y una noches, en los infinitos lienzos de vida e imaginación de Cuervo, el Maestro que lento ya baja su telón Kabuki, con una última escena en contraluz partido por una Cruz Celta, mientras se oye, al fondo, el réquiem in crescendo.
Gracias maestro, gracias por esta vida que me has enseñado a vivir y a compartir.

Copyright © Derecho de Autor

Fotografía de: Ipsaim Ruiz

En silencio
Rindo honor
Al “Amigo, Maestro,
Filósofo de la vida”,
Al gran
Abre caminos
Entrañable amigo
“Miguel Ángel Cuervo Romero”

En silencio
Elevo mi plegaria
Ave que se va
En el soplo
De un último suspiro

Genio surrealista
Que brilló
En su palacio de arte,
A pesar de la injusta vida,
De la falta de apoyo
De la falta de respeto
Por las autoridades.

Brilló
Y nos enseñó a brillar.

En silencio
lloro
Por el amigo
Que sin pedir
Nada a cambio
Me dió
Cuanto pudo;
Su tesoro de sabiduría,
Su consejo…

Alimentó mi cuerpo
Y mi espíritu.
Me enseñó a volar
Con mis propias alas
Y a levantarme
Cuando me había caído…

Su ausencia física
Quedará cubierta
En cada saber
Que de él
Aprendí,
En cada fecha memorable,
En cada imagen que danza
En mi mente,
En cada lectura
Que me recomendó,
En cada paseo
Por la ciudad de México,
En la gastronomía
Y el análisis del arte,
Al estilo único
Del genio Cuervo…

Tarde de lluvia
En Carrizalillos,
Tarde de Bellas Artes,
Tardes de café y de puro…
Mañanas de lluvia
Y amaneceres con Danzón
Domingos de fiestas
Interminables
Poesía discutida
A la luz de una vela…

En el aquí
Y en el ahora
Mi amado amigo
De la vida
Y el arte
“Miguel Ángel Cuervo Romero”
Vives para siempre
Y entiendo
Que te fuiste
Porque este mundo,
Ya te quedaba
Muy pequeño
Para tu “grandeza”

Hasta pronto
Hombre de luz
Y amor eternos
De siempre.


Copyright © Derecho de Autor

Palmeras de la playa El Lunquillo; Cuba

Miguel Ángel Cuervo Romero es un hombre de largos monólogos y hablar pausado, un hombre que paladea el sabor de las palabras. Descansa en un sillón reclinable vestido con un pantalón holgado y una camisa colorida. A su alrededor suena la música. Ha perdido peso, pero en sus ojos continúa brillando la inteligencia. De a ratos fuma.

La bicicleta


Me iba desde mi casa hasta la Estancia. Diario. Es más, dejé la bicicleta y es cuando me puse mal. Llevaba nueve años y hacía veinticinco minutos al Cedart. Me decían: te van a matar. No matan a los pendejos, yo iba espejeando. Hay muchos tipos violentos que te quieren dar en la torre. Me servía pelearme con éste, con aquel, porque canalizaba mi coraje. Llegaba a la escuela tranquilito. Me divertía en la bicicleta, canalizaba mi tensión y además me desquitaba de todos esos cabrones. Estaba bien por el colesterol, sin triglicéridos. Los médicos decían que estaba muy bien. Pero mira, me agarró el carcinoma. A ver si salva uno el pellejo… si lo salvo bien, y si no, pues ya. De todos modos setenta años son suficientes. Por lo menos tengo diez mil, nueve mil libros. Tengo en que distraerme, pero toda esa gente que no tiene nada de eso, ni libros, ni hábitos, que nada más está esperando la muerte a lo pendejo… debe ser horrible. Veo a esos señores que nada más están sentados en un equipal. Yo ni madres; hasta Peter Pan vuelvo a leer. 

Los orígenes

Desde niño hacía abstracciones locas. Todavía alcancé a ver esos trabajos míos que guardaba mi tía. Me comentaba: mira, aquí decías que esto era un corral de puercos. Pero visto en toma aérea. Le contestaba: los puercos eran puntitos. Desde entonces era abstracto, conceptual.
Mis padres nos llevaban a exposiciones, a conciertos en el Distrito Federal. Veía mucho teatro, en televisión, por ejemplo el teatro de Manolo Fábregas, de Seki Sano; el teatro de Fernando Wagner. Conocí a Jodorowsky, que iba anualmente a la escuela, en San Carlos, a festejar el día de San Carlos y hacía locuras. La gente cree que nada más es elegir una carrera, pero eso no es cierto; necesitas ir mamando un montón de procesos visuales, auditivos, vivenciales. No es nada más tomar un curso de cinco años y decir ya la hice.
Pintaba como Picasso desde los doce años. A mí no me gustaba hacer jarritas ni ollitas; me gustaba el cubismo, la abstracción. En San Carlos igual pedimos un taller experimental luego-luego. Nos salimos de la escuela; a una cuadra teníamos un taller experimental otros dos compañeros y yo. Allá nos iban a dar clases los maestros y experimentábamos propuestas pictóricas. Lo que está haciendo muchos ahora, lo hacíamos nosotros en el 67.
Los Castro Leñero son amigos míos. Trabajaron en mi estudio de México. Ahora les dan las mejores galerías, están vendiendo, son exitosos y tienen premios nacionales e internacionales. Para que veas como cambian los tiempos. Yo he tenido la oportunidad también de convivir con Germán Cueto, con Mirella Cueto. Viví en casa de Mirella Cueto, la hija de Lola Cueto. Estuve en todo ese ámbito cultural europeo-mexicano, interesante. Hay que estar allí para imaginar la locura. Con Leonora Carrington, con toda esa gente yo convivía mucho. Era un ambientazo, con literatos, gente así que se reunía casi a escondidas para cantar música de Atahualpa Yupanqui como rebelión, en el 69. Si te agarraban con eso ibas a dar a la cárcel. En mansiones por la Condesa, por Virrey y las Lomas, por allí se hacían las reuniones, entre coñac y colecciones de arte. 

La enseñanza

Yo hacía cuadros enormes, que terminaba y los iba guardando en la escuela. Oye, regálamelo. Llévatelo. Pero fírmalo. No, no te lo firmo, pero llévate la tela. Yo produje y regalé y regalé. Descubres gente tramposa que te copia, que esto, que lo otro. Por otro lado, me ofrecían fácil las galerías, pero era casi como: suelta las nalgas y te damos espacio. Así no. Y dije: a ver, vamos a ver la realidad. De que me sirve tener un público que compre mi obra y el día que cambie de estilo ya no me la va a comprar.
La gente sigue en la ignorancia, insensible, sin la capacitación como espectador. Eso es gravísimo. Entonces decidí: me voy a dedicar a la educación, y me dieron la oportunidad de dar clases en la Universidad del Valle de México. Me gustó cómo transformé a los chavos, cómo se transformaron. Me dije: esto es lo mío, y eso me distrajo, y me dediqué a la educación. Me llamó más educar; me sigue llamando educar, hasta la fecha. Me llama más ir a la escuela, estar con los estudiantes.
Ahora creen que con motivar a los muchachos a que embarren un papel ya los liberaron, ¿pero de qué? El trabajo plástico, como muchas otras actividades, necesita su metodología, todo un proceso investigativo y de dominios viso-motores que no se aprenden de la noche a la mañana. No pueden generar creatividad tan fácil. A ver, ¿por qué no hacen literatura? Ah, verdad, es igual, pero exige también jugar, hacer trabajo lúdico, literario, y exige saber leer, y leer bien.
En el área plástica hay mucho descuido. En la escuela no existen los maestros, no trabajan la cuarta, la décima parte de lo que he trabajado. Yo trabajaba parte de la Bauhaus, que era llenar muros, composiciones de colores, de textura, de contraste, de estilo. Ahora creen que con hacer un culito y una chichi que le cuelgue a la mona son artistas geniales. Ni conocen una chichi ni conocen un culo de mujer, y de dónde sacan eso. Les digo: agárrense aunque sea, sóbense, pónganse frente a un espejito. Allí andan puñeteando en la cabeza cosas que no conocen.
No hay autocrítica ni autoexigencia, y eso es gravísimo, que el maestro no tenga esa capacidad. Siempre veía mis trabajos y decía: ni el ocho alcancé, pero tenías que sacrificar el ser el ídolo. Les decía a los alumnos: no soy monedita de oro y aquí se chingan. Tú vienes a aprender y yo te vengo a enseñar, y si el día de mañana podemos hasta coger, qué padre, pero ahorita de lo que se trata es de chamba, chamba y más chamba; solo así dejas claras cómo son las cosas.

El secreto

El éxito con los alumnos se lo atribuyo a que los respeto. Les das una visión de la realidad y les planteas otro ámbito. Generalmente los invitaba a comer a la casa. Comían algo que en su vida habían comido; bebían algo que jamás habían bebido y escuchaban música que nunca antes habían escuchado. Ellos carecen de la falta de respeto de los adultos, de la sociedad misma, y que los traten de otra manera, con modo, los sensibiliza más para abrirse. A parte, no los llevas a tu casa para soltarles un rollo.
Hay que empezar con la copa y la botana y platicar, platicar y platicar. Entran en el mundo que les planteo. Aprenden más. A veces intencionalmente llegaba tarde a clases y el grupo, solito, ya estaba chambeando. Otros maestros me preguntaban: ¿qué les das a tus alumnos? ¿Por qué? No estás y están chambeando. Pues es que los tienes que sensibilizar, no tiene uno por qué estar llevándolos como borregos. El chiste es que de ellos nazca, que se estén entrenando mientras yo llego. Si no llego, pues tienen que seguirle, y eso se los tienes que ir habituando con carácter, no con dureza. Eso me ha dado buen resultado, pero ese tiempo ahora no se lo da el maestro ni a sí mismo, ni al alumno ni a la institución. Van, se meten, dan su hora o sus dos horas de chamba, checan y se van; no hay más conexión, y yo siempre he estado individualizando el trabajo de los chavos. Sé quiénes son sus papás, dónde viven. Conozco su entorno.
Para mí, la única técnica de grupo que funciona es reunirnos y tomarnos unas copas. En mi desarrollo socio-humano eso me funcionó. He sido un borrachales toda la vida y sé lo que se mueve bajo el efecto del alcohol. No me ha fallado hasta ahorita.

Café Galería

Llegué a Colima en 1976. Dos meses antes conocí este lugar y me impresionó el paisaje. ¿Existe este sitio realmente?, me pregunté. Desde que llegué aquí me dije: esto es cuba. Manzanillo es el Manzanillo de Cuba.
En 1976 abrí también el Café Galería, todo un piso en el edificio Cázares. Allí me quedé diez años. Hubo allí obras de teatro, danza, música, conciertos. Todos los estudiantes del IUBA asistían. Iban los pintores y artistas visuales de esa época: José Negrete, Juan Carlos Reyes, Gil Garea. En mi café se hacía de todo; después, hasta shows travestis, que eran un existo. La inauguración duró tres días. Yo dormía en las mesas porque todo mundo se metía a mi recámara a coger, pero en la madrugada llegaba el menudo y la cerveza fría. Y seguía la fiesta.
A México mi familia llegó de Cuba en 1957. Mis padres se vinieron por problemas de inestabilidad, con Batista. Mi papá era jesuita. María Concepción Carlota, mi mamá, era muy entusiasta, trabajadora, muy disciplinada a la casa, al marido. Mi papá era contratista, trabajaba en fraccionamientos grandes, los electrificaba. Tengo seis hermanos y soy el segundo de a bordo. Soy de signo escorpión.
Mi padre nos enseñó a no soñar. Decía: no sueñen con lo kitsch, si no tienen para un original, nunca cuelguen una copia en casa, es de mal gusto. Si quieres un Picasso, guarda dinero y cómpralo, pero no se te ocurra un Picasso falso. Cuelguen lo suyo o no cuelguen nada. Mis abuelos tocaban instrumentos, mandolina, violín, guitarras, y cantaban. Mi abuelo materno hacía esculturas con huesos. Una locura. Todo mundo es de Matanzas, la segunda ciudad de cuba. Vivíamos en Unión de Reyes número 80.
Tengo una gran dotación de libros, de música y 356 camisas. Aquí en Colima he vivido en 34 casas. Viví feliz en el edificio Cázares, hasta que me afectó lo tóxico de tanto coche en la mañana, el ruido. Hacía lo que quería en ese edificio y el dueño me aguantaba. Discúlpeme que haya hecho ruido. No, profesor, usted puede hacer todo el ruido que quiera. Su ruido es maravilloso. Y dicen que era insoportable el señor ese. A las dos o tres de la mañana se oía mi música en varias casas a la redonda…

Copyright © Derecho de Autor

Conocí a Miguel Ángel Cuervo Romero, justo el día que arribó a Colima, allá por el año de 1976. Llegó a incorporarse como profesor de artes plásticas al Cedart, ubicado en la calle 5 de Mayo. Vivió un tiempo, por aquel entonces, en Placetas Estadio.
De complexión delgada, en ese entonces no conocía las tortillas. De buena barba y bien vestido, Miguel Ángel encontró su vocación en la docencia y, por qué no decirlo, en la bohemia.
Mis hermanos, Salvador y Fernando estuvieron un semestre en la primera generación del Cedart, luego se fueron a Guadalajara. Miguel Ángel ha sido un buen amigo de mi familia.
Entonces, mi padre tenía el famoso restaurante Camino Real de Colima, junto al cine Reforma. Allí pasamos gratos momentos. En esa primera época del Cedart, Miguel Ángel tenía una visión de las artes muy afín con la directora Vera Vázquez.
Juntos emprendieron la conducción de las primeras generaciones y la realización de varios montajes. Miguel iluminaba y asistía la escenografía. Recuerdo en especial El quijote de la mancha, El mago de Oz, y Caxitlán fue. Nos presentamos en el teatro Hidalgo, en el teatro del Rodeo y la piedra lisa, entre otros espacios.
Luego, el profesor Cuervo se enamoró de una casa por la calle Aquiles Serdán, cerca del restaurante Decomart de Javier Vargas. Allí compartió con varios alumnos y extranjeros su mundo bohemio.
Había una chica hermosa Nikky, canadiense. Fue novia breve tiempo de mi hermano Salvador. Estaba también Leonardo el hondureño, al que le gustaba pasear por las calles de Colima vestido de hindú. Hacía pantomima en Decomart y el buen Cuco López nos brindaba al profesor y a sus invitados un servicio de primera.
Luego mi familia se trasladó a Guadalajara. Yo decidí quedarme unos meses más. Entonces Miguel ya se había apoderado del primer piso del edificio Cázares. Allí, el maestro armó el famoso café Galería.
Recuerdo que fue una época muy creativa. Mi hermano Salvador traía películas en 16 milímetros que retaba a la filmoteca de la UNAM. VimosNosferatu, Los demonios de Loudun, Sin aliento, entre otras. Noé Guerra, Leonardo el hondureño y yo jugabamos a ser poetas en el suplemento Ágora.Luis Valenzuela se integró al dinámico equipo. Rafael Araiza nos daba cuerda. Éramos los poetas cuerdos.
en Café Galería hubo un sin fin de eventos. Antes de irme a Guadalajara presentamos con Lety Vallejo Una rosa con otro nombre de Emilio Carballido; una escena de Antígona con Irma López dentro de un programa de canto, poesía y cena a lo griego.
Como saber en ese momento, que Emilio sería nuestro dramaturgo deVicente y Ramona y que Antígonasería mi carta de presentación como director escénico con el taller Anatomía.
Los cuatro años de mi carrera profesional en la ciudad de México los viví en Mártires de Tacubaya, número 55; estudio del maestro Miguel Ángel Cuervo. Martín Acosta, compañero de mi generación en la ENAT (Escuela Nacional de Arte Dramático), estrenó su primera dirección en esa casa.
Tuve la suerte de asistirlo. La obra, El más extraño idilio de Tenesse Williams se presentaba para veite espectadores. Miguel Ángel y Ernesto, su mejor amigo y corredor de arte, estuvieron en el estreno. Allí actuaban Brisa Rossell y Carlos Cobos, gran actor y entrañable amigo. La casa-estudio fue, desafortunadamente, derribada. Ahora es una discoteca de un gran hotel por la avenida Revolución.
La carta que copio a continuación la escribí días después de que Octavio Paz recibiera el Nobel de Literatura.

Profesor Miguel Ángel:

La navidad nos envuelve con su mágia. El frío se ha instalado en la ciudad y nuestros abrigos pueden salir de sus jaulas. Quisiera verte pero me voy pronto a Los Ángeles con mi familia. Viajaré con mi hermano Fernando en tren. Me creerás si te digo que te extraño. Cada vez que puedo platicar contigo me siento feliz. Ahora tendré que aguardar.Uno no siempre hace lo que quiere, dijera Benedetti. No sé cuál sea tu plan. Imagino que visitarás a tu familia.
Me encontré hace poco a Martha en el metro. Parece que están bien. Doy funciones en el teatro Hidalgo de la Alameda. Poco a poco mi economía se restablece. De seguro en febrero podré pagarte. El príncipe Constante se estrenará para entonces. Ojalá asistas.
¿Qué cuenta Colima? ¿Qué me dices del Cedart? ¿Todavía te hace feliz?
Después de El príncipe Constante quiero visitarte. Anoche reconté mi vida. Me acordé de mis tiempos claros y nublados, de mis juegos y locura. Cuando me brincaba las rejas para mirar a las niñas que reflejaban miedo por mi repentina presencia. Esas niñas ya son mujeres. El tiempo lo transforma todo.
También me acordé del Café Galería: de las películas, de las cenas, los vinos, las luces, los poemas , los panes, la música, los cigarrillos… anoche me acordé y mi corazón sonó, click. Tengo entre mis manos la carta que le escribí a Rosalía y que nunca le entregué. La escribí en tu café. No sé porque no se la dí, ¿tú acaso, lo sabes?
He brindado junto con Octavio Paz, de seguro mi hermano Salvador y tú han brindado también. La navidad captura mi espíritu. Ahora debo ir a mi ensayo de todos los días pero ya mis ojos no miran la ciudad. Se han instalado en Dios. Mis ojos se han llenado de amor.
Hago votos porque tus ojos se regocijen en esta navidad.
Sin más.

De retorno a Colima, en Julio de 1992, viví en la casa que Miguel Ángel restaba junto al botanero “Mi oficina” por Niños Héroes. El Cedart ya se llamaba Juan Rulfo y con nuevo edificio frente a las instalaciones de la feria.
En esa casa saboreamos, Noé, Imelda, Georgina y yo, los suculentos platillos de Miguel Ángel. Sabido es de todos que tiene el don del bien guisar y claro está, del bien comer.
La amistas que sostengo con Maik, así le llamo de cariño, tiene matices relevantes. Fue mi maestro en teoria del arte; el impresionismo me cautivo sobre manera. Su universo musical ha permeado la mayoría de mis montajes,Vengando a Pessoa, Antígona, El enamorado de la muerte, La ginecomaquia, laberinto de sueños…etc.
A veces me pregunto ¿qué me ata a estas tierra?, ¿por qué no vivo con mi familia en Los Ángeles?, la respuesta no la sé. Pero me gusta pensar que la maestra Vera y Maik son los responsables de mi profundo afecto por esta vida de zozobra, pero también de belleza y de soledad compartida que es, la vida mía…


Copyright © Derecho de Autor

Maestro en la academia y guía en nuestras vidas,
dio vida al ser sensible, un caballero
y un gran hombre despertador de pasiones.
Forjador de grandes artistas
tal vez no, pero sí de hombres y mujeres
que retocaste con tu imaginación
y sensibilidad amorosa,
y al ver tu obra la regalabas,
nos aventabas de esa nube abstracta y soñadora.
Volamos e imaginamos junto contigo,
amamos y destrozamos sueños;
le dimos bríos a nuestras vidas.
Mi amigo, mi maestro, mi hombre,
tu mano y mente me transformaron
y sublimaron mis sentimientos,
te amo
por lo que forjaste en nuestras mentes.
¿Cuántos pasaron por tu mundo?
¿A cuántos engrandeciste?
¿Cuántos bebieron de tu savia para fortalecerse?
Yo sé de un puñado,
todos somos parte de ti
y aquí seguiremos en el mundo mágico
que nos heredaste.
Tu soledad también será nuestra,
por esa ausencia anunciada
por años de derroche y buen gusto.
Esto es para ti,
mi recuerdo, mi amor
y mi eterno respeto.
Disfruta tu nueva vida

¡Yace un hombre!


Copyright © Derecho de Autor